domingo, 15 de junio de 2008

-once upon a time...

Hace mucho tiempo, cuando los barcos los empujaba el viento, por el siglo XVIII...ummm ¿o quizás XIX?, en aquel tiempo tenía un pescador en una pequeña cala un bote con el cual salía cada día a hacer su faena.El pescador era un hombretón de unos 40 años alto, de anchas espaldas, gesto adusto y voz grave y profunda. No era hombre de muchas palabras y su imagen imponía mucho respeto.Se contaba en el pueblo cercano, que había servido en el ejercito real, y que por méritos de guerra había llegado incluso a ser teniente de infantería, hecho inédito, pues en aquel tiempo la oficialidad estaba compuesta por aristócratas. Sin embargo la Corona lo desmovilizó al acabar la guerra, y por ser un plebeyo le quedó la pensión de un vulgar sargento, lo cual dejó una huella de rencor en él. De muy joven, cuando fue tamborilero, había limpiado las botas a aquellos estirados y arrogantes oficiales, tras lo cual había tenido que ir al frente de batalla para jugarse la vida....No lejos de la cala, a la vista, había un camino por dónde a veces pasaba una hermosa amazona con su caballo. Dicha señorita era la hija del Conde, dueño y señor de tierras y haciendas del lugar, y casi de las vidas de las gentes.Él la veía pasar y pensaba: “maldita aristócrata, ellos están ahí en la cima del mundo mirándonos con arrogancia, mientras los parias soportamos el planeta en nuestras espaldas, y encima....encima es tan insultantemente hermosa.....”.Un día mientras limpiaba la captura del día en la cala , para su sorpresa se acercó la hermosa señorita a caballo acompañada de una doncella que iba en burro, y una vez a unos dos metros, sin desmontar, le preguntó con una dulce y cadenciosa voz:Pescador, me han dicho que tienes el pescado más fresco del lugar, ¿cuánto me pedirías por el?.Y se encontraba tan subyugado por tan hermosa y superior criatura, que sin saber porqué dijo:Para usted nada señorita.Ella dándose cuenta del significado del gesto se sonrió halagada, y ordenó a la doncella cargar el pescado y no dio una sola moneda a pesar de que era inmensamente rica, pues no quería estropear el gesto de galantería.Y aquel día el pescador no comió y pasó hambre, y volvió a repetirse: “aristócratas!, ellos viven despreocupados sobre nuestras espaldas.....no es justo....pero, es tan bella....”. Y a partir de aquel momento nada volvió a ser igual....Pasados unos días la muchacha interesada por el atractivo héroe de guerra, volvió a la cala, esta vez sola en su caballo. Y dijo:Pescador, ¿le podría robar algo de tiempo? – preguntó con su encanto natural-.No señorita, ¿en que puedo ayudarla? – respondió él -.Verá pescador, soy hija única, algún día seré dueña de todo esto, y quisiera conocer mis futuras tierras, ¿me podría conducir por el lugar?.Por supuesto señorita.Y el pescador tomó las bridas del caballo y la condujo por la orilla, mientras ella veía con cierta lujuria las anchas espaldas del hombre.Después de un buen rato, ella dispuso que era un buen momento para desmontar y ambas se sentaron en una piedra y conversaron mientras atardecía.Él con su voz profunda le habló de cuando fue embarcado a las campañas de América o África, le habló de la aurora boreal, de las cristalinas aguas del Caribe y las tormentas del estrecho de Magallanes.....y entonces ella apoyo su joven cabeza en el hombro del veterano, él era tan feliz.....no se movió un ápice para que la muchacha estuviera cómoda, y ella se sentía tan querida.....Después de un rato de silencio, él preguntó con pasión:¿Cómo podría mostrarle mi amor?, ¿si me permitiera amarla...? - A sabiendas de que una relación entre un plebeyo y una aristócrata no era cosa fácil.Y ella contestó enigmáticamente y sin erguir su cabecita:No se si sabrías, no se....Déjeme intentarlo – dijo el pescador.El tiempo lo dirá....- replicó ella.Y a continuación ella afirmó casi suspirando:Siempre me gustaron los castillos de arena .A mi se me da muy bien hacerlos, puedo estar haciéndolos durante días y tener verdaderas obras de arte – respondió mintiendo descaradamente.¿ Harías uno para mi?.No lo dude.Y ella sonrió.Pasaron los días y la amazona no aparecía, y el pescador se aplico a la tarea con autentica dedicación. Miraba el camino, pensaba en la llegada de ella y una fuerza interior le impulsaba.Para proteger su obra del viento y la lluvia, le ponía un toldo por encima cuando se iba por las noches, y lo retiraba al día siguiente.Le hizo los muros, las torres, las almenas.....cavó con sumo cuidado las habitaciones, el mobiliario de éstas y hasta los huéspedes que eran pequeñas figuritas. Y una vez acabado, cada día se sentaba y esperaba.Hasta que un día soleado y caluroso llegó la amazona con su caballo, y a continuación dijo:Hola pescador, veo que has hecho tu trabajo y quisiera recompensarte - y dicho esto desmontó, y él como un resorte corrió a atar el caballo a un solitario árbol y al volver vio como ella se sentaba en una roca a la vez que decía.Pescador necesito que vengas - y el pescador acudió de nuevo con premura, cuando la aristocrática señorita, estirando una de sus botas y con gesto altivo y premeditado desden ordenó:Quítame la bota, - el pescador se quedó atónito, perturbado, excitado......y ante la falta de reacción de él, ella dijo mientras se incorporaba. Creo que tienes cera en los oídos así que tendré que irme – y el veterano fue corriendo y se postró ante la joven, entonces ella sonrió y acarició la cabeza de él y se volvió a sentar.El pescador le sacó la bota con toda la delicadeza que pudo, y luego con aún más devoción le quitó el calcetín quedando al descubierto su femenino y sonrosado pie, tan bello, tan cerca de sus labios....luego repitió ceremonialmente la “liturgia” con la otra bota y el otro calcetín.Ella se incorporó, fue hacia el castillo y, completamente segura de que el sometido veterano no diría una palabra, pisoteó sensual y despiadadamente el castillo. Mientras se regodeaba con la sensación de la arena acariciando sus tobillos, sus deditos.....sentía el poder, el control sobre él.Y cuando se sintió satisfecha miró al estupefacto y humillado pescador, que aún permanecía de rodillas, disimulando a duras penas el bulto entre sus piernas, y con una sonrisa pícara dijo:Ahora ya sabes como amarme.